jueves, 3 de septiembre de 2009

La casita de un colombianito

Subtrama (Resumen de capítulos anteriores)
Un colombianito hizo una casita en la montaña.

En los 50´s, llegaron los conservadores, y creyendo que él era liberal, la tomaron y la desalojaron. ¡¿Chusma?!

En los 60´s, volvió, y la encontró deshabitada; el follaje natural la había tomado gracias al olvido. A estas alturas, a nadie le importaba ya morir por un partido político. Y menos invertir en el campo. "Pa´qué, cultivar papa ya no da plata", se dijo el colombianito.

En los 70´s, estudiantes y campesinos, que ya se venían reuniendo, tomaron las armas (y el Palacio de Justicia) y se autoproclamaron insurgentes. Con la idea de una reforma agraria fracasada, sin más alternativa, el colombianito volvió a engrosar los cinturones de miseria de la gran ciudad.

En los 80´s, la coca se volvió moda. El narcotráfico hizo de las suyas. Y en cuestión de meses, el colombianito y su familia tuvieron lo que nunca pensaron: carro, casa, y un gran equipo de sonido. ¿Para qué volver a la casita?

En los 90´s, hicieron alarde por todo el barrio; eran los capos de la cuadra. Desde la ciudad, supervisaba lo que pasaba en la casita, que había sido tomada, esta vez, por guerrilleros. El colombianito (bien astuto) contrató a unos muchachos, una especie de guardaespaldas que tenía como misión defender sus bienes. Y como varios se antojaron de tener una custodia similar, sus muchachos buscaron a otros muchachos y así, como por generación espontánea, se reprodujeron hasta ser un ejército con nombre y apellido: Convivir.

En el 2000, llegó la seguridad democrática (Propuesta de nuestra protagonista, que mucho tiene que ver con esta historia) y prometió devolverle la casita. Pero al colombianito poco le importaba, porque contaba con nexos políticos (les giraba una platica mensual a senadores y diputados a cambio de favorcitos). Finalmente, no necesitaba de tal seguridad si él se la podía proporcionar. Pero votó por su líder estrella, con la que tenía varios negocios.

Hace poco le dio por ir a visitar la casita, y en cada baldosa de la entrada inscribió lo siguiente (para los posibles visitantes del futuro):

"Colombia, yo te quiero así”

En la segunda baldosa, continúo:
“Simplemente como el agua al paisaje, como el día a la rosa
que alza su ufanía frente a la primavera floreciente”

Pero, en la tercera mentía:
“Yo te quiero con sencilla transparencia. Yo te quiero con un amor apenas insinuado, que se vuelve silencio en tu presencia”

Y en la cuarta, tomaba del pelo a sus visitantes:

"Colombia, te queremos con tan dulce corazón herido, que así no te dijéramos lo que te hemos amado, lo sentirías oyendo sus latidos"

En la quinta, remataba:
"Este cartel (de la droga, los paramilitares, la guerrilla) anula todo lo anterior. ¡Rajá perro!"

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